mi mu me conmigo
sonaba un 7 de septiembre, pero era Julio. Un paseo en coche, de lágrimas incesantes, y tu ya no estabas. Pensar que tendría que aprender a secarmelas sola, sin compañero de viaje, me hacia fuerte. Pero ya no era grande. Cronómetro a cero: empecé a comer, a reír, a rezar, a bailar, a saltar, a llorar de otro modo, de nuevo a soñar. Y llego el encuentro imaginario, tu abrazo me lleno de vida, cuanto te quería. Como todas las noches, cuando en la distancia, te enviaba luz y amor al otro lado de la almohada. Pero ni los meses pasados, ni las semanas, ni las horas, ni los minutos, habían sido tiempo suficiente, para poder definir que estaba sintiendo exactamente en esos segundos, y si ese cielo, en realidad era mi cielo. El cronómetro dejo de contar, y en su lugar un viejo reloj de pared: lloré, rei, leí, conté, baile, cante, discuti, luche, jugué, dormi, abrace, caí, me levante... Mi mu me contigo. Pero ya no bese, pero ya no soñé. Entonces Enero, y por fin arranque esa etiqueta de cuajo (solo la ropa debería llevar etiquetas), ya no eras novio, o ex novio, ni amante, ni amigo. Si el ser por el que sin duda, daría mi vida entera. No me daba miedo nada, el caminar sola se había convertido en una necesidad que me hacia grande, ya no consistía en ser valiente. Y el cronómetro volvió a correr: un tiempo que tal vez pueda decir, pasaba de manera fulminante, mientras todo lo que buscaba para poder seguir construyendo, se situaba cada vez en una estanteria mas alta. Sueños rotos, dicen. Supongo que fue entonces, cuando rápidamente fui olvidando, todo lo que pausa a pausa, había aprendido. Y llego el conformismo. No por ello deje de reír, pero si de caminar. Vesti mi disfraz rosa, de piel de borrego, y dance perdida entre el resto de la gente. Por momentos, aunque estaba segura de lo que era, me sentía pequeña. Pero entonces recordaba lo sencillo que es respirar. Un cable a tierra, y el presente: mi familia. Con los pies firmes, corazón abierto, libre de poder gritar. Diferente a lo que me rodea, no me importa criticada. Después de algo mas de un año, apreciando el sol y las nubes, añorando el hogar amado, sin dejar de pensar en otro nuevo, las estrellas son mi techo, con reloj o sin reloj en mano. Lanzame sapos y culebras, pues los guardare para ti en bolsillos rotos. Desde mucho antes de aquel 7 de Septiembre, sin duda, la vida entera. Perdona que siempre fuese así: a mi manera.


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