cigarrillos


todos los cigarrillos que jamás habría fumado, entre las húmedas paredes de un pozo. Mi cuerpo yacía inerte, junto los restos del naufragio. Humo en los pulmones. Silencio. Horas muertas. El gentío se detenía a su paso, mirando al interior entre murmullos. Pequeño ápice de luz. Algunos pretendían salvarme, pero nunca terminaba de entender que eran todas esas cosas que farfullaban sus labios. Gritaba fuerte, rogando por mis plegarias. Entonces tú me visitabas con tu botella de whisky en la mano. Los dos sabíamos que ese era el lugar equivocado. Pero nuestras almas disfrazaban las paredes pintándolas de vida. Quemando las horas con palabras, viciábamos el espacio de recuerdos. Siempre lograbas salir huyendo de ese lugar. Sin remordimientos. Con prisa. Mis lágrimas desordenadas se mezclaban con las sonrisas impregnadas en el aire. Reclamo de ladrones de sueños. De nuevo tu regreso. A cada paso, me resultaba más difícil beber de esa botella vacía. Dudando de tu vuelta, en cada partida, implorándote respuestas. Eras el único que había logrado cruzar esas paredes. Ahora estaban corroídas por el transcurso del tiempo, y aunque fuese incapaz de encontrar la salida, no podría suplicarte que permanecieras allí. Buscando alguna señal, escarbaba entre los ladrillos. Mas lo único que topaba, eran miradas sucias clavando mis entrañas. Los murmullos se volvían cada vez más intensos en el exterior. No existía el silencio. Un último cigarrillo, para un último deseo. Malgastado con respuestas, que no valen nada.

Comentarios

  1. La soledad, la muerte, los cigarrillos, y los recuerdos una combinación que agrieta las almas, muy lindo relato, besos

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares