la espiral de Sara


me empezaba a encontrar atrapada una de esas espirales en las que dejas de soñar, hasta que tus noches pasan a ser largas y oscuras. Inmersas en constantes pesadillas. De las que cada vez es más difícil desplazarte a su final.
En las mañanas sentía las piernas temblorosas. Entumecidas. Después de haber amanecido de forma agitada, envuelta en sudores fríos.
El agua de la ducha, era un alivio infinitamente valioso a mi dolor. Casi tanto, como la taza de café humeante que terminaba por sujetar entre mis manos. Haciéndome sentir viva, recordándome que aun respiraba. Significado del nuevo día.
Las manecillas de un oxidado reloj de cocina corriendo, las inexorables fechas de calendario cambiando. Pero a cada paso era más complicado continuar. Resultado del vacío. Reflejo de un momento, carente de libertad.
Era consciente de que no debería seguir así...
... Entoces grité tan extraordinariamente alto, que rompí con la barrera del silencio.
Aprendiendo que no es tarde para hacerlo.
Fue cuando Sara me dijo que probablemente todos murieran allí… y de lo valioso de mi ser. No dude de que estaba en lo cierto por su sonrisa. Entonces me alegre. Más de un saco vacío, habitante de esta ciudad, estuviera ansioso por lo contrario. Pero esa razón, empezaba a ser el único motivo por el que mantenerme en pie. Ya no podría abandonarla.
Y si esto salía bien?...
...La verdad habría dejado de estar escondida tras mi silencio, alternado sujeta a los bolsillos de su vida. Sin pausas, sin prisa, con aliento. Donde ya nada persistiría igual.

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