cuando éramos reyes
sus pies teñidos por la sombra, habían dejado atrás la tierra prometida. Vagando ausente, portaba sobre su cuerpo el
peso de la injusticia. Dentro de ese cruel mundo de asesinos. Donde el aire
rezumaba a miedo y el Sol era un astro muerto. Dicen que Dios ya no le
acompañaba en ese viaje de dolorosos paisajes. Lugares bañados por la soledad, se alzaban a su paso, sobre caminos angostos repletos de plagas y miseria. La historia se repetía. Con guerras y hambrunas. Cobrándose con millones de huesos inocentes. Él ya había estado allí antes _ cuando éramos reyes. Su espada
descansaba ahora. Desnudo, preserva sus palabras distantes de las mías. Pero que decir, cuando al alzar la vista
Sodoma y Gomorra se encuentran
incandescentes en el horizonte.

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