carrusel
y de nuevo me veo en el coche. Sin lágrimas, ni sonrisa. Con mi querida madre noche, como vigilante de este momento. En el que en la radio, solo suenan canciones a tristes.
Observando cómo mis manos, tan firmes como inseguras, sujetan con destreza el volante. En busca de una dirección, con hora de entrada y salida programada.
-Donde se habrá quedado Sarasinmiedo?, donde?- me pregunto.
Tal vez se hallaba perdida entre las páginas de su libro favorito, o danzando bajo la incandescente luz de los focos de colores.
Sensaciones dormidas, recorren de forma perturbadora mi cuerpo. Mientras la incertidumbre de no encontrar parking, torna esta vez mis manos firmes, en sudorosas.
Nada es llano. Salvo el frío asfalto. Transformado en carrusel de caballos para la ocasión. Anclado a él, este, mi corcel de porcelana blanco. Automóvil en otra vida, con ruedas y motor.
La temperatura ambiente, poco propicia para la estación de esta ciudad, aporta la calidez que le faltaba a mis mejillas.
No encuentro respuesta.
Solo el ímpetu de llegar al lugar que me espera: Avd. Melancolía, haciendo esquina con la calle Rutina, Portal sin numero, Sótano I.

Comentarios
Publicar un comentario