cero grados



con las alas mojadas, resulta difícil poder sobrevivir a este frío invernal de Siberia. Cero grados. Bajo las paredes de un iglú, siento como las lámparas de aceite se consumen a mi alrededor. En frente, puedo ver como reina una vieja chimenea, atascada de papeles y sueños rotos. El oxigeno ya no habita aquí. Mi respiración pende del hilo de seda, que sutilmente fue tejiendo una araña. Quiero imaginar que es fuerte, pero la realidad es otra. El tiempo se agota. Y los pingüinos dicen cosas que penetran al interior de estas sucias paredes, construidas de hielo y nieve. Son viejas leyendas, sobre reyes y prostitutas con patas de palo. Ignorando sus sucias voces, se instala el silencio. Parece que nadie había dormido aquí antes. Al alzar la vista, observo la cúpula color blanco-oscura, y recuerdo las noches en las que abría mi puerta para salir a bailar junto a ellos. Cuando vivía en la barras del bar.

Comentarios

Entradas populares