al otro lado del espejo


ese tipo de gente que solo ve su propia realidad. Esa persona, que ignora que hay algo mas que un simple reflejo a través de su espejo. Alguien que es incapaz de ver por si sola el lugar donde se esconde toda la verdad.
En su mundo de princesa consorte, aunque solo duró por días. Tan altiva y orgullosa como era, vivió en el país de las fantasías. En su breve tiempo felicidad y gloria, recuerdo, farfullo alguna que otra tontería.
Su mente, llena de pajaritos preñados, no le dejaba ver mas  allá de prados verdes y algunas que otras margaritas. Tanto mundo de colorín, acabo en colorado. No sin haber dejado mancillado antes, como su soberbia decía: “ mi trono de espinas”.
Reconozco haber sido la otra, levantándome en mis mañanas de rutina, sin ningún tipo de impulsos. Pues había pasado tiempo desde que mis labios habían besado la muerte. Tenías razón: no era feliz de ninguna manera. No en esta vida. Eso se había convertido en algo secundario, ya no importaba, todo lo contrario. Desde el purgatorio, me bastaba con intentar hacerlo feliz a él.
En las noches, me limitaba a observarte desde mi esquina. Pero siempre terminabas por parecerme insuficiente para su persona, tu edad no hacia otra cosa que limitarte. Y tus insultos sobre lo desconocido, te habían definido.
Ahora desde el mismo lugar del destierro, (en el que tú y yo nos encontramos), es cuando debes saber, que los abrazos que sentían tu cuerpo, no eran otros que los que acariciaban el mío.
Escudándome tras el fango, en mi mundo de diva roída. Recuerda, que fue mi silencio el que te permitió asistir al baile, con la cabeza erguida.
Tan feliz como fueras o fueses, tú mi querida princesa, no has hecho mas que compartir tu cuento ideal, con esta vieja reina.
Ahora solo queda decirte,(aunque nadie me crea), que me ha encantado haberte dejado vivir al otro lado del espejo…

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